En el principio...
24Julio2005
En estos días de libertad filosófica y religiosa, desatados ya de cadenas que aun la era de la Razón forzaba sobre nosotros, el camino viejo ha vuelto a ser andado abiertamente. Quienes una vez ocultaron su devoción y adoración por la Gran Madre hoy luchan contra aquellos quienes esclavizaron las mentes de pueblos y ciudades, forjando el espacio necesario para buscar sabiduría en el camino del balance, el Antiguo Sendero.
Soy pagano, hijo salido de las Aguas de la Madre y caminante del Antiguo Sendero. No contiendo la veracidad de las creencias de quienes me acompañan, es innecesario compartir todos el mismo pensar. Aun así, estudio nuestros hábitos, señalo que muchos pensamos de maneras similares y comparto estas creencias presumiendo nada más que quien las lea desea saber.
Las prácticas que mantengan un grupo de personas siempre tienen una raison d’être, una razón de ser. No puede existir una costumbre en vacío – tampoco es necesario que quienes mantengan una costumbre o práctica sepan cual sea la razón por cual su tradición, costumbre o práctica habitual haya comenzado. Una anécdota que refleja esto es la de un grupo de monjes budistas tibetanos, quienes en su monasterio practican la meditación grupal al atardecer, reunidos todos con su abad. Resulta ser que estos monjes mantenían un gato entre ellos, dándoles de comer de sus propios platos y así encariñándolo con todos. El felino curioso comenzó a unírseles durante la meditación, caminando de persona en persona y frotándose contra ellos. El abad comenzó a notar la distracción y ordenó que amarraran el gato antes de meditar, cosa que hicieron de ese momento en adelante. Al pasar unos años, el abad murió – dejando un hueco que, como era tradicional, lo llenaba un monje de otro monasterio. Continuó pasando el tiempo hasta que también falleció el gato que acompañaba a los monjes, amarrado desde su poste, durante la meditación. Todos sabemos que en las montañas del Tibet, no se hace fácil conseguir gatos domésticos – pues los monjes del monasterio no pudieron meditar durante el atardecer del día que murió el gato, ya que no pudieron cumplir el ritual requisito antes de la meditación; amarrar al gato del monasterio a un poste cercano.
Los monjes habían olvidado la raison d’être de amarrar el gato, aun así mantenían una costumbre sin saber el porqué. Hoy día hacemos lo mismo con nuestras costumbres engranadas.
Investigando las razones de ser de mis prácticas no siempre ha resultado fácil, a veces he tenido que luchar contra el ethos machacado en mí para ver un paso más allá de la costumbre. He podido reflejar que todo lo que hago proviene de mis creencias sobre donde vengo y a donde voy. Como fuimos creados, porque vivimos y hacia donde vamos después de vivir:
CREACIÓN
El principio siempre será pura especulación, así que no intento entrar en debate científico, prefiriendo que un mythos y una creencia dominen lo que haya pasado. No pretendo tomar aquello que es una representación propia y religiosa como algo que suplante ponencias de la ciencia como se haya podido investigar. Las palabras que describan el comienzo son imágenes que me brindan una cercanía con la Madre y permite que pueda entender mi medioambiente sin trastornarme.
Me han dicho que ver a los dioses como antropomorfos, aun en la mínima severidad de asignarles género, es el paso más arrogante de la humanidad, pero yo estoy en desacuerdo. Mi mente es de humanos; antropomorfismo no es una arrogancia, sino hijo de la condición humana. El conocimiento no sirve como barrera para medir todo el universo evaluable mediante un filtro humano. Por ende, la fuente divina, el gran todo, Divinidad tendrá que ser apreciada mediante los sentidos que se me permiten en el andro-corpus hasta el momento que el poder de medir sea mayor del que hasta ahora se me ha asignado. Tomando dichas palabras como base que justifica su necesidad, cuento lo siguiente para describir el comienzo:
El baile entre orden y caos hace girar la rueda de la vida, la rueda que nosotros llamamos tiempo. La fuerza que gobierna el balance es la Gran Madre, Divinidad, ella quien busca siempre que el caos y el orden se mantengan equilibrados entre sí. Orden es potencial sin movimiento, potencia sin kinesia. Caos es pura actualidad, energía en movimiento. Sin orden, caos es movimiento sin propósito, energía sin efecto. Sin caos, orden es energía sin movimiento; parálisis total.
En un principio, una vez que amenazaba el orden dominar sobre el caos, la Gran Madre, preñada del exceso de potencialidad del orden, parió el universo. Nuestro mundo sale de la Gran Madre, una roca cubierta de las Aguas de su parto. De las aguas amnióticas del parto de la Madre, surge toda posibilidad de vida y nosotros descendemos de esa posibilidad, parte del balance entre caos y orden, luz y oscuridad. De la Madre todo proviene y a Ella ha de volver, como una gota de lluvia en la inmensidad del mar.
El Gran Baile asegura la diversidad de posibilidades; la primera raza, ni hombre ni mujer, surgió de esta posibilidad. Con el giro de la Rueda se dividieron entre sí, hembra y varón fueron creados entre las vidas que arroparon este mundo y la Madre se dividió con ellos. La Madre y el Padre, Dios y Diosa, dos caras de la Gran Madre, Divinidad y el Todo.
A las criaturas de este mundo, se les dio el poder de la adaptabilidad, cambiando sus cuerpos y formas para mejor protegerse de los cambios de este mundo. A nosotros, criaturas que en la capacidad de crear más nos asemejamos a la Madre y el Padre, se nos fue dado adaptabilidad mental, pero fragilidad de cuerpo. Pero nuestra raza se hizo arrogante y se olvidó de la Gran Madre, dominando todo lo que nos rodeaba y la Divina potencia se alejó de este mundo, dejándonos el poder de crear y destruir.
Nuestra raza sintió la lejanía de la potencia Divina, Madre y Padre, y buscó tenerlos cerca – le dieron nombres y género a su visión de la Divina potencia. Y Diosa y Dios nacieron, con muchos nombres y muchas caras – para la gente dispersa a lo largo y ancho de este mundo, Diosa y Dios se manifestaron de formas distintas. La Divina potencia preño a cada dios y a cada diosa con su esencia, haciendo de ellos un ser creado por la veneración de nuestra raza, pero fundido por la esencia que es todo. Y desde entonces los Dioses caminan entre nosotros y nosotros compartimos con Ellos.
NOTAS
Espero hacer entender sin duda que esto es un mito. Me basta usar este mythos para satisfacer el hecho que no existe manera de entender lo que ocurrió en el principio. No es más correcto que otra manera de ver el principio.
En estos días de libertad filosófica y religiosa, desatados ya de cadenas que aun la era de la Razón forzaba sobre nosotros, el camino viejo ha vuelto a ser andado abiertamente. Quienes una vez ocultaron su devoción y adoración por la Gran Madre hoy luchan contra aquellos quienes esclavizaron las mentes de pueblos y ciudades, forjando el espacio necesario para buscar sabiduría en el camino del balance, el Antiguo Sendero.
Soy pagano, hijo salido de las Aguas de la Madre y caminante del Antiguo Sendero. No contiendo la veracidad de las creencias de quienes me acompañan, es innecesario compartir todos el mismo pensar. Aun así, estudio nuestros hábitos, señalo que muchos pensamos de maneras similares y comparto estas creencias presumiendo nada más que quien las lea desea saber.
Las prácticas que mantengan un grupo de personas siempre tienen una raison d’être, una razón de ser. No puede existir una costumbre en vacío – tampoco es necesario que quienes mantengan una costumbre o práctica sepan cual sea la razón por cual su tradición, costumbre o práctica habitual haya comenzado. Una anécdota que refleja esto es la de un grupo de monjes budistas tibetanos, quienes en su monasterio practican la meditación grupal al atardecer, reunidos todos con su abad. Resulta ser que estos monjes mantenían un gato entre ellos, dándoles de comer de sus propios platos y así encariñándolo con todos. El felino curioso comenzó a unírseles durante la meditación, caminando de persona en persona y frotándose contra ellos. El abad comenzó a notar la distracción y ordenó que amarraran el gato antes de meditar, cosa que hicieron de ese momento en adelante. Al pasar unos años, el abad murió – dejando un hueco que, como era tradicional, lo llenaba un monje de otro monasterio. Continuó pasando el tiempo hasta que también falleció el gato que acompañaba a los monjes, amarrado desde su poste, durante la meditación. Todos sabemos que en las montañas del Tibet, no se hace fácil conseguir gatos domésticos – pues los monjes del monasterio no pudieron meditar durante el atardecer del día que murió el gato, ya que no pudieron cumplir el ritual requisito antes de la meditación; amarrar al gato del monasterio a un poste cercano.
Los monjes habían olvidado la raison d’être de amarrar el gato, aun así mantenían una costumbre sin saber el porqué. Hoy día hacemos lo mismo con nuestras costumbres engranadas.
Investigando las razones de ser de mis prácticas no siempre ha resultado fácil, a veces he tenido que luchar contra el ethos machacado en mí para ver un paso más allá de la costumbre. He podido reflejar que todo lo que hago proviene de mis creencias sobre donde vengo y a donde voy. Como fuimos creados, porque vivimos y hacia donde vamos después de vivir:
CREACIÓN
El principio siempre será pura especulación, así que no intento entrar en debate científico, prefiriendo que un mythos y una creencia dominen lo que haya pasado. No pretendo tomar aquello que es una representación propia y religiosa como algo que suplante ponencias de la ciencia como se haya podido investigar. Las palabras que describan el comienzo son imágenes que me brindan una cercanía con la Madre y permite que pueda entender mi medioambiente sin trastornarme.
Me han dicho que ver a los dioses como antropomorfos, aun en la mínima severidad de asignarles género, es el paso más arrogante de la humanidad, pero yo estoy en desacuerdo. Mi mente es de humanos; antropomorfismo no es una arrogancia, sino hijo de la condición humana. El conocimiento no sirve como barrera para medir todo el universo evaluable mediante un filtro humano. Por ende, la fuente divina, el gran todo, Divinidad tendrá que ser apreciada mediante los sentidos que se me permiten en el andro-corpus hasta el momento que el poder de medir sea mayor del que hasta ahora se me ha asignado. Tomando dichas palabras como base que justifica su necesidad, cuento lo siguiente para describir el comienzo:
El baile entre orden y caos hace girar la rueda de la vida, la rueda que nosotros llamamos tiempo. La fuerza que gobierna el balance es la Gran Madre, Divinidad, ella quien busca siempre que el caos y el orden se mantengan equilibrados entre sí. Orden es potencial sin movimiento, potencia sin kinesia. Caos es pura actualidad, energía en movimiento. Sin orden, caos es movimiento sin propósito, energía sin efecto. Sin caos, orden es energía sin movimiento; parálisis total.
En un principio, una vez que amenazaba el orden dominar sobre el caos, la Gran Madre, preñada del exceso de potencialidad del orden, parió el universo. Nuestro mundo sale de la Gran Madre, una roca cubierta de las Aguas de su parto. De las aguas amnióticas del parto de la Madre, surge toda posibilidad de vida y nosotros descendemos de esa posibilidad, parte del balance entre caos y orden, luz y oscuridad. De la Madre todo proviene y a Ella ha de volver, como una gota de lluvia en la inmensidad del mar.
El Gran Baile asegura la diversidad de posibilidades; la primera raza, ni hombre ni mujer, surgió de esta posibilidad. Con el giro de la Rueda se dividieron entre sí, hembra y varón fueron creados entre las vidas que arroparon este mundo y la Madre se dividió con ellos. La Madre y el Padre, Dios y Diosa, dos caras de la Gran Madre, Divinidad y el Todo.
A las criaturas de este mundo, se les dio el poder de la adaptabilidad, cambiando sus cuerpos y formas para mejor protegerse de los cambios de este mundo. A nosotros, criaturas que en la capacidad de crear más nos asemejamos a la Madre y el Padre, se nos fue dado adaptabilidad mental, pero fragilidad de cuerpo. Pero nuestra raza se hizo arrogante y se olvidó de la Gran Madre, dominando todo lo que nos rodeaba y la Divina potencia se alejó de este mundo, dejándonos el poder de crear y destruir.
Nuestra raza sintió la lejanía de la potencia Divina, Madre y Padre, y buscó tenerlos cerca – le dieron nombres y género a su visión de la Divina potencia. Y Diosa y Dios nacieron, con muchos nombres y muchas caras – para la gente dispersa a lo largo y ancho de este mundo, Diosa y Dios se manifestaron de formas distintas. La Divina potencia preño a cada dios y a cada diosa con su esencia, haciendo de ellos un ser creado por la veneración de nuestra raza, pero fundido por la esencia que es todo. Y desde entonces los Dioses caminan entre nosotros y nosotros compartimos con Ellos.
NOTAS
Espero hacer entender sin duda que esto es un mito. Me basta usar este mythos para satisfacer el hecho que no existe manera de entender lo que ocurrió en el principio. No es más correcto que otra manera de ver el principio.
